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martes, 23 de octubre de 2012

Esta imagen de ti




Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos.
Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras respirara.
Estaba tu cabeza suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día.
Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me sobreviva.


                                                 José Ángel Valente






Recuerdo el frío del amanecer, los círculos de los insectos sobre las 
tazas inmóviles, la posibilidad de un abismo lleno de luz bajo las
ventanas abiertas para la ventilación de la enfermedad, el olor triste
de la sosa cáustica. 
vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz. 
Vuelven incomprensibles bajo leyes de vértigo y olvido. 
No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo 
una playa negra y, lejanos, los grandes párpados de una ciudad cuyo 
dolor no me concierne. 

Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte. 
Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza. 

Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu 
pensamiento es sólo recuerdo de la ira. 

Ves la rosas temibles. 
Ah caminante, ah confusión de párpados. 
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida. 

Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas 
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad. 
Ah la pureza de los cuchillos abandonados. 

Amé todas las pérdidas. 
No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo 
una playa negra y, lejanos, los grandes párpados de una ciudad cuyo 
dolor no me concierne. 
Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte. 
Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza. 

Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu 
pensamiento es sólo recuerdo de la ira. 

Ves la rosas temibles. 
Ah caminante, ah confusión de párpados. 
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida. 

Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas 
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad. 
Ah la pureza de los cuchillos abandonados. 

Amé todas las pérdidas. 
Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte. 
Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza. 
Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu 
pensamiento es sólo recuerdo de la ira. 

Ves la rosas temibles. 
Ah caminante, ah confusión de párpados. 
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida. 

Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas 
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad. 
Ah la pureza de los cuchillos abandonados. 

Amé todas las pérdidas. 
Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu 
pensamiento es sólo recuerdo de la ira. 
Ves la rosas temibles. 
Ah caminante, ah confusión de párpados. 
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida. 

Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas 
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad. 
Ah la pureza de los cuchillos abandonados. 

Amé todas las pérdidas. 
Ves la rosas temibles. 
Ah caminante, ah confusión de párpados. 
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida. 
Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas 
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad. 
Ah la pureza de los cuchillos abandonados. 

Amé todas las pérdidas. 
Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas 
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad. 
Ah la pureza de los cuchillos abandonados. 
Amé todas las pérdidas. 
Amé todas las pérdidas. 
Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.
Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los 


                                                                            Antonio Gamoneda





Si todo esto cambiase,
si me dijera usted, de pronto, que me ama,
yo ni me detendría para hacer la maleta.
Huiría luchando contra el miedo a la costumbre
          de su cuerpo.


                                               Almudena Guzmán





La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz,
bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.
Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.
Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.
La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.


                                 José Ángel Valente


Coplilla después del  5º Bourbon




Pensaba que sólo habría
sombra, silencio, vacío.
Y murió. Estaba en lo cierto.
El mismo Dios se lo dijo.


                                        José Hierro


Sólo el amor




Cuando el amor es gesto del amor y queda
vacío un signo sólo.
Cuando está el leño en el hogar,
mas no la llama viva.
Cuando es el rito más que el hombre.
Cuando acaso empezamos
a repetir palabras que no pueden
conjurar lo perdido.
Cuando tú y yo estamos frente a frente
y una extensión desierta nos separa.
Cuando la noche cae.
Cuando nos damos
desesperadamente a la esperanza
de que sólo el amor
abra tus labios a la luz del día.

                                                     José Ángel Valente


Elegía


A ti la que me inspira obedezco y deseo
a tu invisible huir y tu errante venir
hacia la honda cuna del ritmo tú me llamas
trayéndome la concha de la profundidad.
Son sin fin son sin fin los diluvios caídos
corazones que a tiempo probaron su fragancia
aquí están todavía las palabras perdidas
y yo compongo un verso de saber y perdón.


                               Carlos Edmundo de Ory


miércoles, 10 de octubre de 2012

Como gata boca arriba



Te quiero como gata boca arriba,
panza arriba te quiero,
maullando a través de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zarpazos
como una noche de luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor en los tejados,
amándose a gritos y llantos,
a maldiciones, lagrimas y sonrisas
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)

Te quiero como gata panza arriba
y me defiendo de huir,
de dejar esta pelea
de callejones y noches sin hablarnos,
este amor que me marea,
que me llena de polen,
de fertilidad
y me anda en el día por la espalda
haciéndome cosquillas.

No me voy, no quiero irme, dejarte,
te busco agazapada
ronroneando,
te busco saliendo detrás del sofá,
brincando sobre tu cama,
pasándote la cola por los ojos,
te busco desperezándome en la alfombra,
poniéndome los anteojos para leer
libros de educación del hogar
y no andar chiflada y saber manejar la casa,
poner la comida,
asear los cuartos,
amarte sin polvo y sin desorden,
amarte organizadamente,
poniéndole orden a este alboroto
de revolución y trabajo y amor
a tiempo y destiempo,
de noche, de madrugada,
en el baño,
riéndonos como gatos mansos,
lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados
a los pies del sofá de leer el periódico.

Te quiero como gata agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata, mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer,
te quiero.


Gioconda Belli





Leo lo que escribí de ti y de mí
en esos días de tanta lluvia,
con Bach y los naranjos
de contertulios ante el fuego
y los catarros, las pupas,
las mutuas manías,
advirtiéndonos de aquella bomba colgada
del tiesto de las glicinas
que oscilaba sobre nuestras cabezas
sin llegar a caer,
contenida por el Atlante de la risa
y el lujo inaudito
de poder ignorarnos,
de tener tiempos muertos,
de no abundar en preguntas y respuestas
cuando había tanto que disfrutar del silencio.

Desde entonces hasta ahora
los atlantes se nos han vuelto anémicos
y quién sabe si ésos fueron y serán nuestros últimos días de lluvia,
          pero,
                   de todas formas,
me sigue gustando leer lo que escribí de ti y de mí,
en especial lo de tu imagen con bufanda
volviendo de comprar la leche y el pan,
y la mía con sonrisa y pijama de osos pandas
saludándote desde el balcón.


                                    Almudena Guzmán


Tú, que hieres




Arrebatadamente te persigo.
Arrebatadamente, desgarrando
mi soledad mortal, te voy llamando
a golpes de silencio. Ven, te digo
como un muerto furioso. Ven. Conmigo
has de morir. Contigo estoy creando
mi eternidad. (De qué. De quién). De cuando
arrebatadamente esté contigo.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo
a besos de ansiedad y de agonía.
No quieres. Tú, que vives. Tú, que hieres
arrebatadamente el ansia mía.


                                        Blas de Otero




Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el
silencio de las últimas ramas.
Esto era el destino:
llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.
 
                                                 Antonio Gamoneda


domingo, 7 de octubre de 2012

Los descuidados y la noche



Cuando aparecen ante mí, terribles,
suavísimos rostros,
sus contornos se mezclan
y adelantan una sola figura.

Bajo la transparente piel
de aquel amor y el agua solitaria
brillan los ojos de mi madre antes
de haberme concebido.

¿Soy yo quien pasa o sois vosotros?
¿Quién está detenido?
¿Quién abandona a quién?
¿Quién está inmóvil o quién es arrastrado?

Madre, después de tanto
hilarme a tu pupila,
después de haber edificado un reino de esperanza,
después de haber soñado
cuanto soy, cuanto tengo,
no habré hablado contigo.

¿Pero podríamos hablar?
¿Hay tiempo?

Dadme un día
detened un día
el implacable paso,
el terrible descenso
-vuestro, mío-
para que pueda así
escoger la palabra, el adiós, el silencio:
para que pueda hablaros.

Mientras escribo sobre
la resistencia de mi propio cuerpo,
el mundo habrá pasado,
habrá cerrado el ciclo,
completado el retorno
de su nada a su origen,
y yo seré antepasado pálido
de mi futuro olvido.

Puedo deciros que esta misma noche
vuestro feroz recuerdo ha devorado
mi amor,
envejecido el rostro de mis hijos,
mutilado los besos,
reducido mi pecho a soledad.

Porque nada de lo vivido
puede darnos más vida:
sé que no soy,
que no me pertenezco.
Pasé por vuestros ojos
y creí desgarrarlos, arrastrarlos conmigo,
mas fue vuestra pupila la que hizo presa en mí.

Jirones de mi ser,
banderas,
viento como un gemido
largo en el corazón.
Inmóviles aún,
como os dejó mi olvido,
pálidos de mi sangre,
conjurados en una sola acusación.

¿Soy yo el culpable?

Lejos el tiempo y el lugar,
la primavera cómplice y el aire
de la inocencia en el jardín.

La amistad es un puente roto,
los besos han volado el amor hecho añicos,
y a un lado y otro lado
permanecemos solos,
dando voces, llamándonos,
gesticulando, mientras
la corriente se ensancha y yace
consumido el crepúsculo.

Inmensa noche. Solitaria noche.
(Despojado de mí busco mi cuerpo en vano,
sigo en vano mi voz).
                               Noche: mi sueño
no la puede durar.


                                                        José Ángel Valente


viernes, 5 de octubre de 2012



Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
¡Ay, querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.


                              Miguel Hernández

 


Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.
¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?
No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:
Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.



                                                            Ángel González